En el capítulo final de Los orígenes del Club 27, Jim Morrison no muere en París en 1971. La ficción imagina que es retirado de la escena pública y trasladado a Aviano con una nueva identidad: James Douglas. En un hospital vinculado a la base estadounidense pasa varios meses de desintoxicación con el doctor David Bleck, intentando comprender quién puede ser sin el personaje que el mundo convirtió en mito.
«¿Quién es James Douglas sin los demonios de Jim Morrison?» La novela responde con una posibilidad: un hombre que intenta, por primera vez, ser libre.
Fuera de la base, James descubre una vida cotidiana casi desconocida: un café en la plaza, un ritmo más lento y un trabajo en un taller mecánico a las afueras. Giuseppe, el camarero, y Luigi Rossi, el mecánico, no ven a una estrella del rock. Ven simplemente a un hombre que está aprendiendo a vivir.
El giro llega en el Santuario de la Madonna del Monte. En un banco James conoce a Maddalena, que está leyendo a Pavese. Él le confiesa que escribe poesía. De ese encuentro nace un amor que no necesita el nombre Jim Morrison para existir. En un pequeño local del pueblo, James canta Love Her Madly para ella ante una sala que aplaude sin saber a quién acaba de escuchar.
Pero el paréntesis no puede durar. En la ficción, el mismo sistema que le permitió desaparecer vuelve para reclamar el control de su vida. James abandona Aviano con muy pocas cosas: su cuaderno de poemas y una postal con el perfil del Monte Cavallo. Aviano queda así como el lugar donde, durante unos meses, el Rey Lagarto pudo ser simplemente un hombre.
De Los orígenes del Club 27, capítulo final, «El renacimiento del Rey Lagarto».