Un linaje friulano, la memoria del vino y el pacto que cambia el destino de la novela.

Las raíces documentales de Porcia son medievales. El lugar aparece citado ya en el siglo XII y el complejo castellano se formó por etapas. Una memoria de 1492 describe la fortaleza, la gran torre almenada, las murallas y otras ocho torres menores.
La familia Porcia y Brugnera ha mantenido durante siglos un vínculo extraordinario con el territorio. Esa continuidad se encuentra todavía hoy en las propiedades agrícolas y vitivinícolas de la familia. Por eso el vino no es un adorno añadido al relato: pertenece realmente a la identidad de Porcia.
En el capítulo XX de La Resa dei Conti nel Giardino della Serenissima, Isabella Cortese llega al castillo para pedir ayuda al conde Pompilio di Porcia. A su lado están Munir y Jabari, hermanos de armas dentro de la ficción. Tras un enfrentamiento sobre culpa, lealtad y redención, la alianza queda sellada.
Isabella lleva las armas alquímicas preparadas en la Casa del Alquimista de Tambre. El pacto abre el camino hacia el enfrentamiento final y conecta Porcia con el Forte Sant’Andrea. El vino reaparece al final del arco de Pompilio como símbolo de memoria y eternidad.